Cuando Caín despertó con la carraca del burro estuvo destinado a ser un gran hermano mío. Encontramos atractivo el círculo y el bello paisaje de Nod. Allí, en el oriente, conocimos a la judía Lilith, madre de los bastardos, de los impíos. Recogíamos vallas de frutos auténticos y sabrosos, roíamos los huesos de los mamíferos y rascábamos nuestros estómagos para hacer la digestión bajo un arbusto de verde cha. No fuimos ni seremos custodios de nadie. Un día le sugerí que nos sirviéramos de la lectura, accedió. Hallamos a Keyserling con sus anotaciones de viajes, su ostentoso lenguaje de nórdico-alemán burgués, muy poco callejero para nuestro gusto. Pero en González, el maestro Fernando, el que se consideraba de otraparte, así, unido, ese lenguaje si nos remitió a nuestra pasión más íntima. Viaje a pie, así se llama el libro de nuestro amigo, un gran derroche de virtuosismo paisa que mana en sentencias propias y que denuncia lo sedentario, con modestia y gracia. Él nos influenció a creer menos en nuestro anterior referente, así es la obertura del texto: “Nos llamamos filósofos aficionados para no comprometernos demasiado y porque ese nombre es demasiado para cualquiera. Solo un estoniano, el conde Keyserling, pudo tener la desfachatez de escribir dos enormes volúmenes con el titulo de Diario de viaje de un filósofo” entonces supimos que debíamos asumir una actitud humilde. Aprender del andar muy sigilosamente y nunca pretender ensalzarnos de ser grandes conocedores del tema que nunca terminaríamos de abarcar. Dos citas que reescribo nos parecieron muy acertadas y geniales: “El gran efecto del excursionismo es formar caracteres atrevidos” así supimos que había estado bien la muerte de Abel, muy bien. Y en esas mismas páginas de apenas el inicio retoma “El ignorante se aburre en los caminos; solo percibe las sensaciones de cansancio y de distancia” echamos a correr desnudos y alabamos el nombre de este señorial escritor. Como la iglesia católica era enemiga de los seguidores de Caín, de los amantes del camino, con una resolución muy poco gentil, el criterio del arzobispo de Medellín en 1929 (año de su publicación) manifestó lo siguiente “Viaje a pie está prohibido bajo pecado mortal porque ataca los fundamentos de la religión y la moral, con ideas evolucionistas, hace burla sacrílega de los dogmas de la fe y con las cosas santas, trata de asuntos lascivos y está caracterizado por un sensualismo brutal que respiran todas sus páginas” así mismo llegamos a la conclusión que el señor arzobispo había leído el libro y lo había entendido a la perfección. Baudelaire también lo decía “… quien se aburra en el seno de la multitud es un imbécil, un imbécil y yo lo desprecio” luego prosiguió Benjamín. Miramos a nuestros costados y estábamos rodeados de seguidores a montón, seguramente han leído a González y Baudelaire, pensamos. No éramos los únicos en Nod. Nod había extendido su terreno por el mundo. Eso nos fascinó. Traíamos un comentario del gran Gibrán que en su libro El vagabundo, y en el texto del mismo nombre narra: “Me encontré con él en el camino. Era un hombre sin otra vestimenta que una capa. Se apoyaba en un largo cayado y un velo de tristeza cubría su rostro. Nos saludamos, y entonces dije: Ven a mi casa y sé mi huésped… Nos narró muchas historias aquella noche, y también al día siguiente. Las que más recuerdo ahora son aquellas que nacieron de la amargura de sus días; que hablan del polvo y de la paciente ruta que marcaron sus pisadas. Y cuando nos dejó, al cabo de tres días, no sentimos que el huésped hubiera partido, sino que aún se hallaba entre nosotros, en el jardín; y faltaba que entrara todavía” en ese hilo de historias fuimos al poeta español Antonio Machado y a Serrat con su cantar interpretado. Nuestro oficio también es doliente, pero es destino y eso es valeroso. Empezamos a tratar la tesis que indica que la arquitectura no hace las ciudades sino el dominio de espacio por el recorrido. Marcamos caminos y hacemos arquitectura. Caín es maestro de Lecobusier y de todos. Entre tanto nos sorprendimos en la generación Beat de los estadounidenses con un manjar para nuestro interés En el camino de Kerouac, que bajo efectos y afectos principalmente de marihuana y alcohol nos narraba su deambular continuo por esa tierra a descubrir, con Dean Moriarty, Bull Lee, Marylou, Camille… y él mismo, el amigable Sal, Sal Paradise. Cuando tomamos de nuevo un rumbo, nos separamos despidiéndonos, abrazamos nuestros pies y mientras él, Caín, mascaba viento en un descapotable americano, yo, tomaba un tren hacia el Trip Hop británico y quedé dormido mirando por una ventana de 360 grados que nunca se detenía. “Errar, es de humanos” valga lo vago de este flâneur.
Johann Sebastian Alvarado Guatibonza